VIVIR LIBRE O NADA: Hace mucho, demasiado tiempo que no publicaba algo mío...

diciembre 26, 2011

Hace mucho, demasiado tiempo que no publicaba algo mío...

Me cansé de llorar por él. Ya nunca más dejaría que me utilizasen de esa forma. Siempre lo arruinaba todo, estaba vez fue la gota que colmó el vaso. No creo en terceras oportunidades. 
 Era ya mi cuarto día de encierro. No salía de mi habitación a excepción del almuerzo y la cena. 
-Basta, basta ya. No puedes seguir faltando a la escuela. No por un chico. -Mi madre, siempre intentando consolarme, hacerme entrar en razón. Pero no lo lograría, yo lo amaba demasiado como para poder olvidarlo de un día para el otro. -Te lo advierto, si no hablas con él yo... Yo no sé. 
Yo seguía sentada en mi cama, sin observarla, con la mirada perdida en la ventana. 
-Cariño, te llama todas las tardes, a cada hora. Pasa todas las noches por casa, esperanzado. Quiere hablar contigo, fué un error, todos los cometemos a veces. 
-¡No! -Grité en medio de mis llantos- Siempre comete errores y luego pretende que yo lo perdone así como así. La besó, y eso no se lo voy a perdonar nunca. ¡Nunca! ¿Me oíste? -Mi voz se apagó con las ultimas palabras. 
Sin más se marchó dejandome sola mientras yo seguía llorando en silencio. En parte ella tenía razón, tenía que hablar con él. Pero no para arreglar las cosas, para darle un fin. Tenía que terminar con él, ya no quería que insistiese más. Bajé a cenar como todas las noches pero no probé un bocado. Mis padres me miraban con pena, se notaba la tristeza en sus ojos. Se escucha el timbre, pero antes de que alguien fuera a contestar, fuí yo la que se dirigió a la puerta. Abró y me encuentro con su mirada, sus hermosos ojos color miel que tanto amaba. Sonrió esperanzado, pero yo lo único que hice fué bajar la mirada. Cierro la puerta detrás de mi, y me siento al borde del cordón de la calle. 
-Mi amor... Yo lo siento, y no te imaginas cuanto, fué un error, lo sé -Comenzó a disculparse- Me dejé llevar, pero te juro, te juro que yo no la besé. Al menos no al principio, fué ella. 
-Basta, basta ya Diego Siempre es lo mismo -Levanto la mirada y mis ojos comienzan a llenarse de lagrimas que no dejo escapar. 
-Escuchame, por favor.... -Comienza a decir, sonaba desesperado. 
-No, escuchame tú a mi. Dime al menos una cosa, ¿Me quieres? 
-No -Contestó fríamente. Me estremecí al escuchar su cambio de actitud tan solo en una palabra. Una lagrima comenzó a caer por mi rostro. 
-Entonces... ¿Piensas que soy bonita? -Pregunté con la vos quebrada, necesitaba al menos una razón que me explicara de una vez por todas por que me había utilizado de esa forma. 
-No -Responde otra vez con el mismo tono. Pero esta vez, levanta mi cabeza gacha para que lo mirara a los ojos. 
-Diego, ¿Estoy en tu corazón? 
-No -Esta vez, sus ojos también se tornan colorados, comienzan a humedecerse. 
-¿Llorarías por mi al igual que yo si lo haría por tí? -Tras el segundo más largo de toda mi vida, me paré ya decidida a salir corriendo a mi casa, cuando escucho el sonido de su voz. 
 -No Mía. 
-Gracias, eso era todo lo que necesitaba. -Dije casi sin voz, sin darle la satisfacción de que me viera destruida sigo mi recorrido. Pero algo me lo impide, siento que una mano me sujeta el brazo y luego me rodea la cintura. 
-No Mía. -Repite, oirlo una vez me había destrozado por dentro. Pero dos veces, eso ya me mataría- Yo no te quiero, te amo. No pienso que eres bonita, pienso que eres hermosa. No estás en mi corazón, eres mi corazón. Y no lloraría por tí Mía, yo moriría por tí.
En ese instanté quedé totalmente sorprendida, las lagrimas no dejaban de asomarse por mis ojos, cubrían todo mi rostro. Pero ya se habían transformado en lagrimas de felicidad, una pequeña sonrisa se había asomado por mi rostro. Lo cual hizo que su expresión también cambiara, ahora él sonreía a lo ancho. Pero no podía permitirlo, debía evitarlo, huir de ahí antes que lograra convencerme. 
-Yo... Yo no sé que decir, me lastimaste. Y mucho... 
-Lo sé mi amor, pero te pido que confíes y creas en mí. No fuí yo quien la besó y lo sabes, por favor perdoname. Te pido una última oportunidad. 
-No sabes cuanto deseo decirte que sí, pero yo... no estoy segura -Las lagrimas ya habían cesado, pero la confunción había empezado a crecer dentro de mí- Yo no doy terceras oportunidades, y lo sabes. Pero... -Su rostro se iluminó al escuchar esa última palabra, eso me bastó para continuar- creo que podría hacer una excepción, y espero no equivocarme. 
-Creeme, no estás equivocada. Prometo hacerte la mujer más feliz de aquí en adelante. Y sabes que yo nunca, nunca rompo una promesa. 
Ambos sonreímos. Me lanzo a sus brazos y escondo mi rostro en su pecho. Se separa de mí y me mira a los ojos. Cuando me doy cuenta nos encontramos a escasos centímetros de distancia y nuestras respiraciones se mezclan, se confunden entre si. Nuestras miradas se encuentran una vez mas, él da el primer paso y cierra sus ojos, yo imito su gesto. Presiona sus labios con los míos y nos fundimos en un suave beso. Sin prisas, despacio. El contacto con su piel, solo el roce de su piel con la mía, ardía en mi. El beso toma un giro y se vuelve más profundo, nuestras lenguas jugaban entre sí, complaciéndose. Nuestros labios se separan lentamente, aún con ganas de más. Pero al mismo tiempo satisfechos, por haberse reencontrado. Suspiro encantada, pero a la vez preocupada esperando que aquella promesa nunca, nunca sea rota.

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